Estaba en la peluquería, esperando que me secaran el pelo, y la estilista me dijo:
"Juliiii, ¿qué te estás tomando? Tu pelo se ve más lleno, más grueso. Antes se te caía un montón. Y tu cara se ve más... no sé, más joven."
Me quedé callada porque yo no me había dado cuenta.
Pero tenía razón. Llevaba como un mes tomando unos masticables que me había recomendado mi prima. SkinGlow, se llamaban.
Me los había dado para la piel, porque me había quejado de que me veía opaca, sin vida, apagada por el paso de los años. Pero no me había fijado en el pelo ni en nada más.
Esa noche en la casa me paré frente al espejo en ropa interior y me miré bien las piernas.
Los hoyitos se veían menos profundos.
No era mi imaginación. La textura estaba más suave. La piel se veía más tensa, más firme, como hace años.
Llevaba solo cuatro semanas tomándolos.